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Entrevista A Ian Gillan: "Deep Purple Se Estaba Muriendo" (Argentina 1997)
FUENTE: "DIARIO CLARIN"
LOS SEMIDIOSES DEL HARD ROCK DE HACE 20 AÑOS SIGUEN VIVOS. LO DEMOSTRARON EL SABADO EN OBRAS
"Deep Purple se estaba muriendo"
La mítica banda se presentó por primera vez en la Argentina y volverá a actuar esta noche. Renaciendo de sus cenizas, el grupo deslumbra hoy a sus seguidores del mundo entero.
Ian Gillan no titubea en calificar de dramática la situación de Deep Purple en los años 90: "La banda se estaba muriendo, no iba a ningún lado". Era verdad; más allá de los problemas internos que se estaban comiendo el futuro del grupo, los tiempos no estaban de su lado. Deep Purple era algo así como un ser prehistórico que, por alguna extraña razón cósmica, sobrevivió al cataclismo que extinguió a sus congéneres pero cuyos días sobre la tierra estaban contados. Fueron los mejores hace 20 años atrás y reinaron con pompa y lujo sobre todas las otras bandas que se abocaron al rock duro, compartiendo el cinturón de "campeón de los pesos pesados" con otro grupo como Led Zeppelin. Nadie podía desplazarlos, salvo el tiempo, que todo se lo lleva. En la Argentina, país que solamente los había conocido en discos hasta este fin de semana, alcanzaron estatura de semidioses.
Muchos cambios de formación y el auge del heavy-metal, que ellos mismos ayudaron a crear junto a Zeppelin y Black Sabbath, hicieron de Deep Purple un organismo en extinción, sobre todo cuando uno de sus fundadores, el guitarrista Ritchie Blackmore, abandonó el grupo.
"Sí, es verdad", reconoce el cantante Ian Gillan, "dentro de la banda había diferencias personales irreconciliables. Pero así es la vida: no conozco ningún grupo que esté vivo después de casi 30 años y conservando su misma formación original". La partida de Ritchie Blackmore era un golpe que no se sabía si Purple estaba en condiciones de asimilar. Pero también fue una oportunidad para el cambio.
Deep Purple tuvo una inestimable ayuda de parte de uno de los mejores guitarristas del mundo: Joe Satriani, quien se ofreció a remplazar a Blackmore, uno de sus ídolos, para una gira. Cuando esta terminó, Satriani volvió a su carrera solista y Steve Morse, otro virtuoso de las seis cuerdas, ocupó su lugar. "Con Satriani primero y después con Morse, el talento volvió a Deep Purple", asegura Gillan, en busca de una explicación que clarifique la milagrosa resurrección del grupo. "Ahora, Deep Purple está funcionado todo lo bien que se puede esperar".
El año pasado, Ritchie Blackmore estuvo en Buenos Aires con su grupo Rainbow, y en entrevista con Clarín dejó en claro que, para él, Deep Purple estaba muerto a raíz del ego de Ian Gillan. El cantante no desea entrar en polémica, pero tampoco rehuye el problema. "Ritchie y yo éramos grandes amigos al comienzo, compartíamos las habitaciones en las giras. Yo no me voy a poner a discutir el aporte de Ritchie Blackmore a Deep Purple: él fue uno de sus miembros fundadores, un guitarrista de un estilo único, creativo, pero su talento no fue el problema: básicamente pensábamos distinto con respecto a lo que Deep Purple debía ser. Y con él dentro del grupo no íbamos a ninguna parte".
Con Steve Morse en Deep Purple, el grupo ganó en confianza y pudo renacer de sus cenizas. Primero grabaron un disco en estudio, Purpendicular, y después encararon una gira durante todo 1996 que los llevó por Europa, Estados Unidos, Japón y Africa.
"Steve Morse -asegura Gillan-, además de ser un gran guitarrista, es un estupendo profesional, y con él fuimos mucho más eficientes. Ya no teníamos que estar lidiando con el problema de que el guitarrista se nos iba en el medio del show, o se rehúsa a tocar en determinados países". Así, sobre el escenario y frente al público, Deep Purple pasó de terapia intensiva a sala de recuperación.
"Volvimos a ser una banda", resume el milagro Ian Gillan. "Cuando nos encontramos el otro día en Santiago de Chile para comenzar esta gira por Sudamérica, habíamos estado dos meses descansando, y fue lindo el reencuentro, preguntarse por la familia, las Navidades y otras cosas. Creo que Deep Purple ya no tiene jefes, ese es el punto. Cuando yo entré a la banda, era una organización muy democrática. Cada uno ponía una idea sobre la mesa y, si funcionaba, se volvía parte de la música. Hay unas personalidades muy fuertes en esta banda, y si bien hubo momentos pacíficos, algunas cosas quedaron sin decirse en voz alta y tal vez fue un error. Uno aprende de los errores: ahora queremos que la banda sea creativa, que las ideas fluyan; no queremos volver a estar atrapados entre dos fuegos. Podríamos echarle la culpa a la prensa, al manager, a la compañía discográfica, pero al final éramos nosotros los que no sabíamos cómo manejar estas cinco mentes tan fuertes." Con el 80% de su formación más conocida en actividad, Deep Purple sigue vivo para asombro de los especialistas y deleite de sus fans en el mundo entero. Ian Gillan, inglés y diplomático al fin y al cabo, sugiere que "el tiempo será nuestro mejor juez. Yo no soy quién para andar diciendo lo buenos que somos. Creo que el secreto está en la calidad de los músicos: ellos son la fuerza que le da vida a Deep Purple."
SERGIO MARCHI
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